—Supongo que te referirás a la Guillotina... No anda mal. Hoy sesenta y tres; no tardaremos en llegar a cien por día. Sansón y sus ayudantes se quejan de que el trabajo es excesivo, de que se les agotan las fuerzas... ¡Ja, ja, ja! ¡Qué gracioso es el buen Sansón! ¿Has visto en tu vida barbero más atareado?
—¿Le ves con frecuencia...?
—¿Afeitar? Todos los días... ¡Vaya un barbero! ¿Le has visto alguna vez en funciones?
—Nunca.
—Pues no dejes de ir a verle cuando tiene tarea por delante. Es una delicia verle trabajar... Figúrate tú, ciudadano; hoy, sesenta y tres en menos de dos horas... ¡En menos de dos horas, palabra de honor!
En tal extremo repugnó a Carton la fruición con que el aserrador explicaba las faenas del verdugo, que le volvió la espalda para no estrangularle, como era su deseo más ferviente.
—Pero tú no eres inglés, aunque como inglés vistes, ¿verdad?—preguntó el aserrador.
—Inglés soy—contestó Carton, volviendo la cabeza.
—Pues hablas como un francés auténtico.
—Fuí estudiante aquí.