»Momentos después lo sacaba de un armario y lo colocaba sobre la mesa...

»Abrí algunos frascos, los olí y llevé sus tapones a mis labios. Si me hubiese hecho falta administrar a la enferma cualquier substancia no narcótica ni tóxica, a buen seguro que no la hubiera medicinado con nada de lo que contenía el botiquín.

»—¿No le inspiran confianza?—preguntó el hermano menor.

»—Viendo está usted, caballero, que voy a utilizarlas—contesté sencillamente.

»No sin haber de luchar con grandes dificultades, y al cabo de largo rato, conseguí hacer tomar a la enferma la dosis de medicina que consideré conveniente. Como quiera que mi propósito era repetir la medicación y observar los efectos que en la enferma producía la primera toma, me senté a la cabecera de su lecho. Sentada con timidez y cortedad manifiestas en un ángulo, había una mujer que la cuidaba, casada con uno de los individuos de escalera abajo. La casa estaba sucia, mal cuidada y amueblada, síntomas evidentes de que la ocupaban desde fecha muy próxima y de que la intención de sus ocupantes era permanecer en ella muy poco tiempo. Habían tendido provisionalmente algunas colgaduras delante de las ventanas, sin duda para que los gritos de la enferma no llegasen al exterior. Continuaba ésta gritando como cuando llegué, repitiendo las mismas palabras y por el mismo orden: «Mi marido... mi padre... mi hermano», y contando a continuación hasta doce. Sus convulsiones eran tan violentas, que no juzgué prudente librarla de las tiras que la sujetaban, aunque las coloqué de manera que la molestasen menos. La crisis no cedía a la medicación, pero observé que la presión de mi mano sobre el pecho de la enferma ejercía sobre ella tanta influencia, que al cabo de algunos minutos se tranquilizaba. No la produjo, empero, sobre los gritos, que continuaban con la regularidad de un péndulo.

»Media hora llevaría yo sentado junto a la cama y bajo las miradas de los dos hermanos, cuando dijo el mayor:

»—Tenemos otro enfermo.

»Me alarmó la noticia, y pregunté:

»—¿Es urgente el caso?

»—Mejor será que lo vea usted por sus ojos—me contestó con tono negligente tomando una luz...