»Yacía el segundo enfermo en una habitación situada a espaldas de la casa, habitación que en rigor no era más que un desván emplazado sobre una cuadra. Parte del desván tenía techumbre muy baja y parte no. Bajo la parte cubierta había heno y paja almacenados, y el resto contenía leña y aperos de labor. Recuerdo tan bien todos estos detalles, que me parece que los estoy viendo en este instante tal como los vi aquella noche, no obstante hallarme encerrado desde hace diez años en mi calabozo de la Bastilla.

»Sobre un montón de heno y apoyada la cabeza sobre una almohada, yacía tendido un mancebo de aspecto de aldeano, de rostro agraciado, y que no contaría más de diez y siete años de edad. Estaba boca arriba, con los dientes apretados, la mano derecha crispada sobre el pecho y la mirada fija en el techo. Me arrodillé a su lado; y aunque no encontraba la herida que había recibido, desde luego vi que moría a consecuencia de una herida producida con instrumento punzante.

»—Soy médico, pobre amigo mío—dije;—deje que le reconozca.

»—No quiero ser reconocido; déjeme en paz—replicó.

»Estaba la herida situada debajo de su mano derecha, que me costó no poco trabajo y muchas instancias separar. Era una estocada recibida de veinte a veinticuatro horas antes, estocada mortal de necesidad, aunque le hubieran sido prestados todos los auxilios de la ciencia al segundo de ser inferida. Se moría a chorros. Busqué con mi mirada la del hermano mayor, y observé que éste contemplaba al herido con la indiferencia misma con que contemplaría a un pájaro, a una liebre o a un conejo heridos. Claramente se advertía que no veía en el muchacho a una criatura humana.

»—¿Quién le ha causado esa herida, caballero?—pregunté yo.

»—¡Bah! ¿A qué hablar de un siervo miserable... de un perro? Obligó a mi hermano a cerrar contra él, y cayó bajo su espada como si hubiese sido un caballero.

»En el tono de la contestación no había ni sombra de piedad, ni sombra de pesadumbre, ni sombra de remordimiento.

»Los ojos del moribundo se volvieron hacia el que acababa de hablar, fijándose a continuación en mí.