No encontró en el establecimiento más que a Santiago Tercero, a quien recordó haber visto aquella tarde entre los jurados, el cual estaba bebiendo y conversando con los Defarges, marido y mujer. La Venganza, en su calidad de miembro de la taberna, asistía a la conversación.
Carton, luego que tomó asiento, pidió un vaso de vino. La señora Defarge le dirigió una mirada indiferente, luego otra más detenida, siguió otra extraordinariamente penetrante, y terminó acercándose a él y preguntándole qué deseaba.
Carton repitió lo que antes había dicho.
—¿Inglés?—preguntó la tabernera, enarcando las cejas.
Carton, después de mirarla un buen espacio, cual si le costase gran trabajo pronunciar una palabra francesa, contestó con acento extranjero marcadísimo:
—Sí, señora, sí; inglés.
Fué la tabernera al mostrador para servir el vino, y Carton, mientras tomaba entre sus manos un periódico jacobino y fingía hacer esfuerzos por interpretar la lengua en que estaba escrito, oyó que decía la primera:
—Juro que se parece a Evrémonde.
Sirvió el vino Defarge, dando las buenas noches al parroquiano.
—¿Qué?—preguntó Carton.