—¿No dije antes que era imposible poner el asunto en mejores manos? Tiene usted un corazón todo nobleza. Esta noche, dirá a ella que conoce el peligro que se cierne sobre su cabeza, y que ese peligro puede envolver también a su hija y a su padre. Insista usted en este punto, pues de no hacerlo así, es probable que nada consiguiera, porque ella, sin inconveniente, antes bien llena de alegría, colocaría su hermosa cabeza junto a la de su marido, para que el mismo golpe hiciera rodar las de los dos. Insistiendo en el peligro que corre su hija y en el que amenaza a su padre, hágala usted ver la necesidad imperiosa de salir mañana a la hora indicada de París, con ellos y con usted. Dígala que es deseo de su marido, deseo expreso de cuyo cumplimiento depende mucho más de lo que ella puede suponer o esperar. ¿No le parece a usted que su padre, no obstante la lamentable condición de su espíritu, se someterá a los deseos de la hija?
—Estoy seguro de ello.
—Lo suponía. Sobre todo, téngalo todo dispuesto para la hora indicada. El coche preparado, enganchados los caballos y ustedes acomodados en sus asientos. En el momento que llegue yo, colóquenme en el coche, y en marcha.
—¿He de esperar su llegada de usted, suceda lo que suceda?
—Tiene usted en su poder mi salvoconducto, juntamente con los demás, salvoconducto que me da derecho a un asiento. Esperará usted hasta que ese asiento esté ocupado, y en cuanto lo esté, a Inglaterra lo más rápidamente posible.
—En ese caso—observó Lorry, dando un fuerte apretón de manos a Carton,—ya no depende todo de un pobre viejo, puesto que llevaré a mi lado a un joven ardiente y decidido.
—¡Con la ayuda de Dios, lo tendrá usted! Prométame ahora solemnemente que por nada del mundo alterará ni modificará nada de lo que hemos convenido.
—Nada, Carton; lo juro.
—Mañana, procure recordar con frecuencia estas palabras: «Una variación... una demora... sea la que sea la causa a que obedezca, puede comprometer la salvación de las vidas de todos y ocasionar el sacrificio inevitable de muchas otras.»
—Las recordaré. Espero que Dios me dará fuerzas para llenar fielmente mi misión.