Cesó el desenfrenado galopar y rasgó los aires una voz de hombre que preguntó:
—¿Es esa la diligencia de Dover?
—¡Eso lo veremos más tarde!—replicó el guarda.—¿Quién es usted?
—¿Es la diligencia de Dover?—insistió la voz.
—¿Para qué quiere usted saberlo?
—Porque si lo es, he de hablar con uno de sus pasajeros.
—¿Qué pasajero?
—El señor Mauricio Lorry.
Inmediatamente manifestó el viajero de quien venimos hablando que Mauricio Lorry era él. El guarda, el postillón y sus dos compañeros de viaje le dirigieron miradas de desconfianza.