—En la noche de un viernes del mes de noviembre del año mil setecientos setenta y cinco, ¿hizo usted un viaje desde Londres a Dover, por la diligencia-correo?
—Sí, señor.
—¿Iban en la diligencia otros viajeros?
—Sí, señor: dos.
—¿Dejaron la diligencia aquella noche, antes de llegar a Dover?
—Sí, señor.
—Vea usted al prisionero, señor Lorry, y díganos si era uno de aquellos viajeros.
—No puedo decir que lo fuera.
—¿Se parece a alguno de sus compañeros de viaje?
—Iban los dos tan embozados, la noche era tan obscura, y los tres guardamos tanta reserva, que me es imposible contestar la pregunta.