—¿Cuándo y dónde?
—A mi regreso de Francia, pocos días después del incidente de la diligencia, le encontré en Calais a bordo del barco en que yo volvía, e hicimos juntos el viaje.
—¿A qué hora embarcó el reo?
—Ya avanzada la noche. Era el único pasajero del barco, excepción hecha de nosotros, y llegó a última hora.
—¿Qué hora sería?
—Poco más de media noche.
—¿Y dice usted que llegó el último?
—Dió la casualidad que llegase el último, sí, señor.
—Dejemos a un lado las «casualidades». Fué el único pasajero que llegó a altas horas de la noche, ¿no es cierto?
—Sí, señor.