Esto no obstante, el señor Carton avizoraba más detalles de la escena que ante sus ojos se desarrollaba de lo que a primera vista parecía. Prueba de ello es que, cuando la señorita Manette, rendida bajo el peso de tantas emociones, cayó desfallecida en los brazos de su padre, fué Carton el primero que lo advirtió, y el primero que acudió al remedio, diciendo:

—¡Guardia! Atienda usted a aquella señorita... Ayude al caballero a que la saque de la Sala... ¿No ve usted que está a punto de caer desmayada?

Todos se movieron a compasión al ver que retiraban a la señorita de la Sala, y no hubo quien no concediera todas sus simpatías al padre. La escena, que no podía menos de recordar a éste los años interminables de su inmerecida prisión, hubo de afectarle profundamente. Buena prueba de ello fué la intensa agitación interior que le produjo el interrogatorio, agitación que a nadie pasó inadvertida.

Momentos después se presentaba el Jurado, y por boca de su presidente manifestaba que, no habiéndose puesto de acuerdo, deseaba retirarse de nuevo.

El presidente de la Sala, cuya imaginación llenóla, si no se engañan algunos maliciosos, el retrato de Jorge Wáshington, manifestó alguna sorpresa al saber que el Jurado no se había puesto de acuerdo, pero accedió a que se retirara nuevamente a deliberar, y, sin duda para imitar su conducta, se retiró también él. La vista había durado todo el día y era preciso encender las luces de la Sala de Justicia. Circularon rumores de que las deliberaciones del Jurado serían largas, en vista de lo cual, los espectadores comenzaron a desfilar para tomar algún refrigerio, y el reo fué llevado a la parte más retirada de la barra, donde tomó asiento.

El señor Lorry, que había salido acompañando a la señorita Manette y a su padre, reapareció de nuevo y llamó por señas a Jeremías Lapa.

—Si quiere usted tomar algo, Jeremías, puede hacerlo, pero sin alejarse mucho de aquí. Es preciso que cuando entre el Jurado se encuentre usted a mi lado, pues en el Banco esperan impacientes la noticia del veredicto. Es usted el mensajero más rápido que conozco y podrá llegar al Tribunal del Temple mucho antes que yo.

Lapa hizo una reverencia muy graciosa, ignoro si por la confianza que en su persona depositaba el señor Lorry, o si por el chelín que acababa de poner en sus manos.

En aquel punto abandonó su asiento el señor Carton y tocó en un hombro a Lorry.

—¿Cómo se encuentra la señorita?—preguntó.