—Eso, eso, repitió Gamboa alegre. No en vano se dice que Vd. tiene vara alta con S. E.
—¿Sí? ¿Tal se corre? dijo el Doctor con muestras de que la especie halagaba no poco su vanidad. Es cierto que le merezco a S. E. una buena voluntad y aun distinción; pero nada de extraño tiene porque yo soy el médico de él y de su familia desde que vinieron de España, y por otra parte, es cosa sabida su llaneza. Me distingue bastante, mucho.
—Lo sé, lo oigo repetir a distintas personas y por lo mismo, estaba pensando, me ocurre, mejor dicho, que, como Vd. se prestase a ejercer su influjo todavía podríamos jugarle una buena pasada a los ingleses y dejarlos con tamaño palmo de narices. Estoy seguro que tampoco le pesaría a Vd., amigo Doctor, el darnos la mano en este aprieto.
—No lo entiendo. Explíquese Vd., don Cándido.
—Hágase Vd. el cargo, Doctor, que la expedición apresada por los ingleses, salvada íntegra, nos vale a nosotros los dueños de ella, por lo bajo dieciocho mil onzas de oro, libres de polvo y paja. En caso de perderse la mitad, todavía nos deja una ganancia líquida de nueve mil, que no es ningún grano de anís. Con que vea Vd. si podemos ser liberales con el que nos ayude. Escogería Vd. mismo media docena de mulecones entre la partida, que es de lo mejor que viene de la costa de Gallinas, y no le costaría sino el trabajo de...
—Aún no entiendo jota, señor don Cándido.
—Pues me explicaré más. La expedición consta de unos 500 bultos, 300 de los cuales es posible hacerlos pasar por ladinos importados de Puerto Rico, habiéndose remitido a bordo, desde esta mañana, sobre 400 mudas de ropa de cañamazo. Ahora bien, si S. E. es de parecer que tenemos necesidad de brazos para cultivar los campos, y que no debe permitirse que los ingleses destruyan nuestra riqueza agrícola, es claro que, como haya quien le hable y le pinte bien el caso, no podrá menos de ponerse de nuestra parte. Una palabra suya al señor don Juan Montalvo, de la comisión mixta, bastaría a decidir el pleito en favor nuestro; y ya ve Vd. si nos sería fácil ser liberales con... Además, cinco o seis bozales no van a ninguna banda, ni nos harían más ricos ni más pobres a nosotros los armadores, que por todos somos ocho... ¿Comprende Vd. ahora mi idea?
—Claro que sí. Cuente Vd. con que pondré de mi parte cuanto esté en mi mano, aunque no me estimula tanto la oferta de Vd. como el deseo de servirle y de contribuir al castigo de la ambición y malas intenciones de los ingleses. Supongo que Vd. viene a hablar con S. E. sobre el asunto.
—Si, vengo a eso con mis amigos Gómez, Mañero y Madrazo. Creo que Vd. los conoce.
—Conozco de oídas a Madrazo, cuyo ingenio de Manimán está en la misma jurisdicción de Bahía Honda que mi cafetal del Aguacate.