Mientras revolvía todas estas cuestiones en la cabeza, obra que no le costó muchos minutos, sino segundos de tiempo, y sentía que la sangre se asomaba toda a sus mejillas, pasole por la mente lo de la niña en la Casa Cuna y su lactancia por María de Regla, la esclava ahora de enfermera en el ingenio La Tinaja; y dedujo, por necesaria consecuencia, que esa historia se relacionaba estrechamente con la mujer enferma en el hospital de Paula. ¿Buscaba, pues, Gamboa salvarle la vida a la madre de su hija bastarda? ¿Quién sería ésta? ¿Vivía aún? ¿La reconocía como tal el padre? Fuerza era averiguarlo. Tal vez Montes de Oca estaba enterado. Haciendo un esfuerzo supremo, logró dominar la agitación ya a punto de embargarle los sentidos; y decidió apurar hasta las heces la copa de la curiosidad y de los celos. Así, tomando de nuevo el hilo de la conversación con Montes de Oca, que mostraba deseos de manifestar cuanto sabía, dijo:
—Yo también siento en el alma que no se pueda hacer nada de provecho con la pobre...
—Rosario Alarcón, sugirió el médico, viendo que doña Rosa titubeaba.
—Rosario Alarcón, repitió ésta. Lo más presente que yo tenía. Mi memoria es flaca en esto de recordar nombres. Se lo dije a Gamboa que ya era demasiado tarde y no dudo que el desengaño le causará un verdadero pesar. Luego la hija, así que lo sepa...
—En cuanto a eso, repuso prontamente Montes de Oca, pierda Vd. cuidado, misea Rosa. La abuela ha tenido la habilidad de ocultarle a la hija hasta la existencia de la madre enferma.
—¡Es posible! exclamó doña Rosa. Parece increíble...
—Nada más fácil, continuó el médico. Esto es, repito lo que me ha contado la anciana que acaba de salir de aquí y que yo no hallo absurdo. Supongo que Vd. no ignora que cuando pusieron en Paula a la Rosario Alarcón, la hija era una chiquilla, sin uso de razón para echar de menos a una madre a quien después no ha visto.
—Con que la hija, una mujer hecha y derecha...
—Y muy linda, sin desdoro de los presentes, dijo Montes de Oca, cortando otra vez la palabra a su interlocutora para interpretar a su manera un pensamiento no más que indicado.
—Quiere decir, dijo doña Rosa, que Vd. conoce a la mozuela. Estaría aquí con la abuela.