—No lo niego, mucho que sí me gustan más los blancos que los pardos. Se me caería la cara de vergüenza si me casara y tuviera un hijo saltoatrás.
—Desengáñate, mujer: bonitura, amor, cariño, constancia, nada sujeta a los blancos. Después, Leonardo no se va a casar tampoco contigo por la iglesia.
—¿Por qué no? replicó Cecilia con vehemencia. El me lo ha prometido y cumplirá su palabra. De otro modo yo no lo querría como lo quiero.
—¡Ay! Me da mucha pena oírte hablar así, mas no quisiera quitarte la ilusión. Sólo te digo que abras los ojos, no sea que mal haya venga muy tarde. No te fíes, no te fíes, y ten siempre presente que la hormiga por meterse a volar se quemó las alas.
—El que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe.
—Lo comprendo, mas si una muriese de repente, sin dolor, ni trabajos, pase, sea todo por Dios. El caso es, china, que antes de morir se sufre mucho. Ven acá, ¿duele tanto cuando un hombre blanco nos deja por una mujer de color, como cuando nos deja por una blanca? ¿A que no? Eso sí que duele. Y me se figura que a ti te está pasando eso ahora. Conque no hables, ni digas de esta agua no beberé.
Disponíase Cecilia a negar la exactitud del símil cuando apareció por la puerta del patio José Dolores Pimienta, y si ella no pudo o no supo decir lo que pensaba, él se quedó mudo y estático en el quicio del cuarto. No esperaba semejante compañía, mucho menos a aquella hora de la noche. Repuesto luego de su sorpresa, la manifestó en breves y escogidas frases cuánto se alegraba de verla. Cecilia dijo que había venido solamente a darle una caradita a Nemesia, y se puso en pie para marcharse.
—Tengo una buena noticia que darles, dijo el músico. El baile de etiqueta de la gente de color se ha convenido en darlo la víspera de la Noche buena, en la casa de Soto, esquina a Jesús María. Por supuesto, la señorita está convidada en primera línea, y se espera que vaya Nemesia y seña Clara, y Mercedita Ayala, y todas las amigas.
Será un baile de ringorrango. Hará raya, yo se lo digo a la señorita.
—Lo más fácil es que yo no pueda asistir, dijo Cecilia. Chepilla no está buena y temo dejarla sola.