—Pues si falta la señorita, cuente que no habrá luz para alumbrar el baile.

—No sabía que Vd. era tan lisonjero, dijo Cecilia sonriendo y moviéndose hacia la puerta.

—No debe la señorita ir sola, dijo José Dolores.

—Nadie me comerá, pierda Vd. cuidado. No se moleste. ¡Adiós!

No obstante su negativa, el músico y su hermana acompañaron a Cecilia hasta la puerta de la casa en que vivía.

Capítulo XVII

Y al punto que el triunfo creyera posible
De lúcido acero se vio traspasar.

J. L. Luaces

Dijo José Dolores Pimienta que el baile de la gente de color se celebraría en la casa de Soto. Ocupa la esquina occidental de la calle de Jesús María, en su encuentro con la calzada del Monte, opuesta al Campo de Marte.

Precede al zaguán o entrada un ancho portal con barandilla de madera. Desde éste, por las alterosas ventanas, enteramente abiertas, pudo el público, sin derecho a entrar, presenciar a su sabor la fiesta. En el cuadrado patio, que se cubrió con un toldo, se pusieron las mesas del ambigú; en el comedor tocaba la orquesta; en la amplísima sala se bailaba y en los cuartos se reposaba y tenían las conversaciones íntimas de los amigos o los amantes.