—Nada. Ese moreno, dijo ella con soberano desprecio, se ha empeñado en tener un lance conmigo... como me ve mujer.

—¡Cobarde! gritó Pimienta, convertido de repente en león el modesto cordero.

Y se avalanzó al desconocido para castigarle; pero hurtó el cuerpo y se puso en guardia.

José Dolores estaba desarmado y se contentó con añadir:

—¿Quién es Vd.?

—Soy quien soy, contestó el otro con impavidez.

—¿Qué busca Vd. aquí?

—Lo que me da la gana.

—Pues ahora mismo sale Vd. de la casa o lo echo a patadas.

—Quisiera verlo.