—Sí, aquí vive Montes de Oca. ¿Tú le conoces?

—Lo he visto muy pocas veces.

—¿Dónde vives tú?

—En la calle del Aguacate, al costado del convento de Santa Catalina.

—¿Eres tú la enferma?

—No, señora, mi abuela.

—¿Es él su médico?

—No, señora.

—Entonces, ¿por qué vienes por este médico en vez de solicitar cualquiera otro que quizás vive más cerca de tu casa?

—Porque mi abuela conoce al señor don Tomás y el señor don Tomás la conoce a ella.