—Te hallo pálida y más delgada que a mi partida para el campo.

—¿Le parecen poco las noches y los días que he pasado sin pegar los ojos velando a mamita? Tampoco han faltado otros sinsabores...

—¿Cuándo se enfermó tu abuela?

—Desde el año pasado mamita no gozaba de salud. Pero su gravedad se puede decir que principió la víspera de Nochebuena. Cuando yo llegué, a eso de las dos de la madrugada, la encontré con una calentura que volaba... No se levantó más.

—¿Dónde habías estado tú hasta esa hora?, preguntó el joven sorprendido.

—En una parte.

—¿En qué parte?

—¡Oh! En una parte.

—¿Me dirás dónde?, la preguntó Leonardo poniéndose serio.

—Espero que me diga Vd., antes dónde ha estado todo ese tiempo, replicó ella no menos seria, tratando de herir por los mismos filos.