—Yo he estado donde tú sabes.
—Ya, en el campo, Vd. me lo dijo, ¿pero se fue Vd. por mi voluntad?
—¡Ah! ¡Vengativa! ¿Esas teniendo? Según eso, tú has estado en una parte por pique conmigo.
—Por pique no. No tengo nada de vengativa. Ni un tantico. Lo que yo no quiero, lo que no puedo aguantar es que me la den de boba. Fue Vd. a divertirse con sus amigas en el campo, ¿había de quedarme en casa encerrada como monja? No faltaría más.
—Fui de mala gana. Hubiera preferido quedarme, pero mamá se propuso llevarme... ¿No te lo dije así?
—Me lo dijo con la lengua.
—Yo no digo mentira.
—¿No tiene Vd. la boca debajo de la nariz como los demás hombres? Va que sí. Ninguno dice mentira. ¡Qué! Sería un pecado. ¿Pero cuál de Vds., si se ofrece, no engaña a la mujer más buena del mundo?
—¿Qué sabes tú de eso?
—Mucho más de lo que Vd. se figura. Muy lépero ha de ser el que se burle de mí.