—¿Pues no ha oído V. S. mi queja en toda forma?

—No basta eso, es preciso reducirla a escrito.

—¿Y tendría que firmarse?

—Por supuesto.

—Que me emplumen si me había pasado por la mente que se exigían tantos requisitos... ¿No podría hacerse la cosa de otra manera, extrajudicialmente? Le tengo miedo a las formalidades judiciales.

—En esta clase de delitos no se puede proceder de oficio. Para que Vd. vea que deseo servirle, voy a indicarle un medio.

—Veamos. V. S. sabe de estas cosas más que yo.

—¿En qué barrio reside la Valdés?

—En el del Ángel.

—¿Conoce Vd. al Comisario?