—Nene, ésa es grilla, y si la pisan chilla. Tienes la cara más seria que un chico de especias.[58]
—Alabo la penetración del caballero.
—Sobre que pasa de castaño oscuro.
—No siempre está la marea para tafetanes. (Quiso decir la Magdalena).
—Habla, canta claro, mulata de mis culpas, añadió alto Leonardo para que le oyese Cecilia si estaba en el aposento inmediato. No me gustan los tapujos.
—Ni a mí tampoco, repuso Nemesia.
—En fin, Nene, si tu enfurruñamiento es conmigo, desembucha, desembucha. Mientras más pronto mejor, porque temo más tu enojo que a una espada desnuda.
—No se le conoce al caballero, pues hace lo que hace.
—¿Y qué hago yo?
—¿Me lo pregunta a mí? Meta la mano en su pecho.