—Lo supe el mismo día en que, según dices, te hice el flaco servicio...

—Pero antes de eso, ¿tenías tú noticias de su existencia? ¿Conocías su carácter y antecedentes?

—¡Qué había de conocer! Ni jota.

—Luego, ¿cómo sin conocimiento de los hechos, sin formación de sumaria, diste el mandamiento de prisión?

—Porque hubo quien lo pidiera sin tales requisitos.

—¿Y a semejante proceder llamas amistad hacia mí?

—Ahí verás.

—¿Qué delito achacan a la muchacha para el atropello?

—Ningún otro, a lo que entiendo, que el de quererte demasiado.

—Así, tú a sabiendas has cometido una injusticia; digámoslo por lo claro, una arbitrariedad.