—¿No tenía fortuna?—preguntó la abuela.
—No, señora, ninguna. 500 pesos de sueldo por toda renta.
—Con los intereses de los 2.000 pesos—dijo la Sarcicourt,—pongamos 80 pesos, el total de 580. ¿Espera usted vivir con esa cifra?
—¿Por qué no?—respondió ingenuamente Francisca.
—Es posible vivir con 580 pesos—replicó la abuela,—pero con otra educación que la de usted.
—Eso es lo que ha dicho el pretendiente—confesó con franqueza Francisca.—¿Creerá, usted, señora—añadió,—que ese caballero llegó a querer convencer a papá de que cuando no se tienen más que 2.000 pesos de dote se impone otra educación que la mía?
—¿Si?—dijo la abuela interesada.—¿Y qué respondió el señor Dumais?
—Papá se enfadó al principio, y cuando volvió a casa regañó a mamá diciendo que su debilidad era la causa de este nuevo incidente.
—Pobre señora de Dumais—gimió la Sarcicourt.—Es tan buena...
—Demasiado buena—dijo la abuela entre dientes.—De modo—siguió diciendo más alto,—que no se casa usted, Francisca...