—¿Para qué tantas pretensiones?—preguntó la Melanval.

—Es muy sencillo—respondió Petra.—Yo deseo el nombre, la familia, la fortuna, la respetabilidad, las relaciones y un físico agradable.

—¡Mucho es eso!—exclamó la Melanval.

—Tengo veinte mil pesos de dote...

—Es poco—hizo constar la Melanval.—Hagamos un pequeño sacrificio... ¿El nombre?

—Imposible... ¿Un matrimonio desigual?... Horror...

—La familia va con el nombre. ¿La fortuna?...

—Jamás... Se va el dinero de las manos sin echarlo de ver.

—Entonces—replicó la Melanval un poco extrañada—no queda nada que sacrificar, pues la respetabilidad es necesaria. Como no sea el físico...

—Me es indispensable—respondió sencillamente Petra.