—A fe de hombre honrado—respondió la aludida,—lo prometo.
—Y la incorregible niña mimada se repantigó cómodamente en un sillón para escuchar mejor. Francisca asegura que su moral no está a gusto más que cuando su físico no sufre ninguna molestia.
«Pedro Marcelier,
Registrador de la Propiedad en Santa Rosa,
a una persona desconocida.
»Caballero o señora:
»Empiezo por presentarme.
»Soy soltero, partidario del matrimonio, veintisiete años, 560 pesos de sueldo y una posición honrosa cuando me jubile; familia considerada y apreciables probabilidades de fortuna por herencia.
»En lo físico, se me encuentra, generalmente, bien, sobre todo mis tías, que son tan indulgentes.
»En lo moral, no me conozco ninguna deformidad, pero esta vez, soy yo el indulgente... signo característico de mi buen temperamento: busco una mujer, y no un dote...»
—Eso es lo que me hace falta—exclamó Francisca.—Buen muchacho...
—Silencio—dijo Genoveva.—Continúo...
«El sutil talento de usted, señora o caballero, percibirá en seguida la diferencia enorme, inconmensurable, que me separa de los demás solteros, y su corazón preverá un éxito fácil.