»200 pesos para los gastos de una criada. Susana había sido demasiado bien educada, para hacer ella misma los quehaceres de la casa.
»40 pesos para las comidas que tendríamos que devolver. A Susana le gustaba la sociedad.
»20 pesos para accesorios de pintura, bordado, música, etc. Susana tenía tantas habilidades...
»80 pesos para veranear. A Susana le gustaban los viajes.
»20 pesos para las buenas obras. Susana daba su óbolo a todo el que se lo pedía.
»En una palabra, llegamos rápidamente a un total de 440 pesos, y mis recursos se elevan a 800.
»—¿Ha calculado usted, señora—dije con algún embarazo,—que hemos gastado ya 440 pesos, y que no quedan más que 360 para la casa, la comida, mis gastos personales, calefacción, alumbrado, lavandera, seguro, médico, boticario, etcétera, etc.? Y si nuestra casa se poblase, si hubiera una cuna... o varias...
»—¡Dios mío! es verdad—exclamó mi futura suegra.—¿Qué hacemos?
»¿Qué hacemos?...
»Yo encontré la respuesta en seguida; no me casé, y no trataré de hacerlo, mientras la categoría de las muchachas casaderas no se transforme.