—Simona de Erinois dijo el otro día una frase que no tiene precio. Figúrate que se atrevió a decir a la de Brenay: «Eres amable porque quieres a papá...» Imagínate el cuadro...

—¡Ah!...

—Lo que me parece que va bien es el matrimonio de Paulina. Según lo que cuenta la de Aimont, el joven que tiene tan bonita fortuna en Martimprey exige 20.000 pesos de dote. La de Aimont protesta... «¡Qué exigencia!—murmura;—es draconiano...»

—Y ella, ¿no se encuentra exigente?

—Nada de eso—respondió Francisca con una burlona carcajada.—Ella es natural que tenga las pretensiones que quiera, eso es permitido... Lo que no lo es, es que el caballero haga lo mismo.

—¡Ah!—respondí pensando en otra cosa.

Francisca se acercó a mí y me levantó la cabeza cogiéndome por la barbilla.

—¿Me quieres decir qué significan esas distracciones?—me preguntó meneándome.—La verdad es que no te conozco... Vamos, no me mires así, porque creeré que no tienes la conciencia tranquila...

Por toda respuesta me eché a llorar sin poder más que decir débilmente:

—No sé lo que tengo... Creo que estoy enferma...