—Sí.

—Falta de interés hacia todo... Una idea fija...

—Sí, sí...

—Accesos de tristeza... Ganas de llorar...

—Sí, sí—dije sintiendo que las lágrimas se me escapaban con abundancia.

—Pues bien, eso es el amor—exclamó Francisca con entonación triunfante.—Te aseguro, hija mía, que eso es el amor...

—No es posible—respondí indignada.—No conozco siquiera a ese señor y quieres que le ame...

—No es necesario conocer para amar—dijo Francisca con vivacidad.—En las novelas no se conoce más que a los amigos. Con los enamorados la cosa es más rápida... Una chispa, y brota el amor...

—En las novelas, Francisca, pero en la vida...

—En la vida pasa como en las novelas... Créeme, Magdalena, he leído bastante para conocer la materia...