—¡Qué gusto!—exclamó Francisca muy contenta.—Va a ser divertido ver a una enamorada de carne y hueso... ¿Me lo contarás todo, eh, Magdalena?...
La niñada de Francisca me hizo reír, y prometí todo lo que quiso. He aquí a la buena Francisca elevada al papel de confidente... Se calumnia al decir que no tiene corazón, y todo el mundo es injusto con ella... Es, sin embargo, la única que me ha comprendido... Qué buena y segura amiga...
—¡Pensar que estoy enamorada!... Es lindo el amor, pero triste... Y hasta hace un poco de daño...
16 de febrero.
La abuela va con frecuencia a casa de la Ribert, el padre Tomás viene a la nuestra, Genoveva aparece y desaparece y me envía amables sonrisas, y Celestina afecta cierto aire de discreción... Con tal de que no piensen otra vez en casarme... ¡Oh! no, no estoy para entrevistas...
No he podido menos de dar parte a Francisca de mis temores, y me ha animado a la resistencia.
—El amor es siempre contrariado por la familia—observó, dándose importancia.
—¿Crees eso?
—Sí. Hay que tener energía y no dejarte influir...
—Pero...