—Es que sufro... ¿Pero qué te importa eso a ti?—exclamé bruscamente.

—Yo también he sufrido—dijo Francisca...—tú no sabes lo que es desear casarse... No comprendes el infierno de no concebir otra vida más que la del matrimonio, ni más dicha que la de una buena unión, y pensar que jamás... jamás... se tendrá marido...

—Se toma el de las demás...

—El señor Baltet no lo era tuyo.

—No, pero sin ti, lo hubiera sido...

—Nunca...

—¿Qué sabes tú?

—El me lo ha dicho.

—¡Ah!—exclamé yendo hacia ella en actitud amenazadora,—¿me has hecho traición dos veces?...

—No—me respondió sin bajar los ojos;—le he preguntado sencillamente por qué me había preferido siendo pobre, a ti que eres rica...