—Para ti como para mí, vale más que nada se sepa fuera... Nuestra amistad ha muerto...

—¡Oh, Magdalena!

—Sí, ha muerto... de nada sirve negar la evidencia. Vas a salir de Aiglemont; hasta que te vayas, estaremos en la misma actitud en que estábamos. ¿Has comprendido?...

—Acepto tus condiciones puesto que he obrado mal contigo... Pero... yo... Magdalena... te quiero como siempre...

—Sin duda... el gato quiere al ratón con que juega... Adiós, Francisca.

Hizo un movimiento para abrazarme, pero yo permanecí helada.

—Adiós, Magdalena... Eres dura...

—Sí, las víctimas lo son siempre, es sabido. Pero me es imposible darte las gracias a pesar de mi buena voluntad... Adiós, pues...

Y Francisca desapareció, muy feliz sin duda, por haber terminado su nueva comedia.

Qué razón tenía la de Ribert y la abuela al ponerme en guardia contra ella... ¿Por qué no las he escuchado?... ¡Ay! ya es tarde...