—Veinticinco, señor cura, veinticinco—rectificó la abuela, un poco humillada por la cifra respetable de mis primaveras.

—Veinticinco años—repuso el cura;—entonces es más grave... A los veinticinco años no se es ya un alma cualquiera y se tiene una personalidad... Sí, es más grave... A esa edad se sabe que la vida de la mujer casada es una vida relativa y que su dicha está a merced de otro... No hay que extrañar que ciertas naturalezas se subleven y retrocedan ante esta dependencia absoluta... Note usted, señora, qué general es la huelga del matrimonio; tan difícil es decidir a ciertos jóvenes a casarse como a ciertas muchachas a contraer matrimonio.

—Sin embargo, señor cura, todavía se casa la gente—objetó la abuela.

—Sí—respondió el cura con bondad,—todos los obreros no están en huelga, pero sí muchos. Hay huelguistas hombres y huelguistas mujeres; entre éstas habrá usted de contar a todas las que no quieren casarse por motivos de abnegación, de salud, de sentimientos de pureza virginal, de amor al estudio, de exceso de escepticismo... de menor necesidad de la persona complementaria, es decir, del marido.

Bajé la cabeza y me ruboricé ante la mirada investigadora del cura.

—Además—prosiguió éste,—hay los huelguistas hombres, de los que no tenemos para qué ocuparnos, pues los motivos que les impiden casarse son de interés o de egoísmo, lo que es poco caballeresco... Entre los huelguistas mujeres y los huelguistas hombres hay, como siempre, víctimas de la misma huelga, que son algunas buenas y puras jóvenes que no encuentran con quién casarse por falta de un poco de dinero. Esta es una de las plagas de nuestra época—concluyó el cura haciendo un gesto de desanimación.

—Entonces—respondió la abuela con un resplandor de esperanza,—puesto que usted califica de plaga semejante estado de cosas, es que está por el matrimonio...

—Sin duda, señora—afirmó el cura,—el matrimonio es una necesidad social a la que deben someterse los que están llamados a ese estado...

La abuela volvió a tomar aspecto de triunfo.

—Pero no soy de opinión de que se violenten las vocaciones...