—Estoy escuchando y espero...

—¿Qué?

—Saber algo del joven.

—¡Cómo! ¿no sabe usted bastante?—dijo el notario sorprendido.—¿Qué más quiere usted saber?...

—¿Cómo es ese caballero?...

—¡Ah! es muy justo—dijo el notario tomando de su cartera otro sobre.—Vea usted su fotografía...

Y dándosela a la abuela, esperó el resultado del examen.

—No es feo...—exclamó la abuela acercándose y retirándose la fotografía a los ojos para ver sus diversas expresiones.—Me gusta esta expresión enérgica, esos ojos francamente abiertos, esta boca medio sonriente... Tiene hermosos cabellos... y buen bigote... Sí, no es feo... Mira, Magdalena.

No eché más que una ojeada a la fotografía, que representaba, en efecto, un buen mozo. Para mí importa tan poco el físico en la cuestión del matrimonio, que no me fijé gran cosa en las facciones de aquel señor que me ofrecían como pudieran ofrecerme otra cosa.

—Ha comprendido usted mal, caballero—dije al notario devolviéndole su fotografía.—Preguntaba cómo era moralmente ese caballero, el señor X... hasta más amplia información.