—Es que se da importancia—respondió la otra por lo bajo...—Piense usted, querida, que el señor Boulmet, el notario, se está ocupando de casarla...
—¿Hace mucho tiempo?
—Me han dicho que estuvo en casa de la señora Sermet, la abuela de esta chica, el sábado último... Entró a las dos y salió a las tres y trece... Ya comprende usted...
—¡Digo!... la buena señora estará muy contenta porque se va a desembarazar de su nieta.
—Lo creo... parece que la muchacha le da una guerra... Tiene un carácter infernal y no hace más que lo que se le antoja...
—No me extraña, porque está muy mal educada.
—Como todas las jóvenes de ahora. ¿Querrá usted creer, amiga mía, que esa chica no quiere casarse?
—¿Es posible?... No me gustan nada tales ideas... ¿Y es seria esta farsante?
—No lo creo.
—Ya decía yo... Habrá probablemente algún oficial bajo cuerda...