—Ni uno—respondió la Bonnetable en tono contundente.
—Sin embargo—insinuó la Sarcicourt,—¿no se habla del matrimonio de la señorita de Brenay con el capitán Bellortet?
—¡Qué disparate!—exclamó la Bonnetable.—La chica de Brenay no puede encontrar un marido serio...
—¡Víbora!—murmuró Francisca entre dientes.
—¡Oh!—protestó la abuela,—Petra es amiga de mi nieta y es encantadora.
—Y muy distinguida—confirmó la de Aimont.
—Enteramente como es debido—afirmó la de Dumais.—¡Ah! si Francisca se le pareciese...—terminó dando un suspiro.
—La señorita de Brenay puede ser encantadora, no digo que no—dijo categóricamente la Bonnetable,—pero es gastadora hasta el extremo... Y después, esa pretensión a millones cuando se tiene un dote modesto...
—No es tan modesto un dote de 20.000 pesos—exclamó la de Aimont pronta a indignarse.
—Es modesto para la señorita de Brenay que quiere hacer una vida de 10.000—afirmó la Bonnetable con bastante razón esta vez.—No se comprenden semejantes exigencias... Su cocinera dijo una vez a la mía...