El río conservaba su anchura como habían señalado los Voladores; y, tal como ellos habían insinuado que ocurriría, perdía hondura y cobraba velocidad. Cabía esperar que esto frenase el avance del Bree, y de hecho así ocurrió; pero menos de lo previsto, pues el viento se hizo más intenso. Continuaron kilómetro a kilómetro, día tras día. Los meteorólogos estaban fuera de si. Imperceptiblemente, el sol trepaba a mayor altura en sus círculos por el cielo, pero lo hacía demasiado despacio para convencer a los científicos de que aquello era la causa del creciente viento. Tanto para los mesklinitas como para los humanos resultó evidente que algún rasgo de la orografía local debía ser responsable de ello. Al final, Barlennan se sintió confiado para detenerse en la costa y enviar una partida de exploración y de caza, seguro de que el viento seguiría soplando cuando ésta embarcara de nuevo.

Así fue, y continuaron navegando durante kilómetros sobre las balsas del Bree. Según los Voladores, habían recorrido mil doscientos kilómetros. La corriente del río prolongaba la travesía, pero por fin apareció la fisura en la roca, tal como los terrícolas habían dicho.

Durante un tiempo, la corriente del río vino directamente desde allí, y pudieron ver la fisura de perfil: una cuesta casi recta, en ángulo de veinte grado, subiendo quince metros desde el pie del risco. Al aproximarse, el curso de la corriente se alejó de la pared, y vieron que la pendiente era un derrumbe con forma de abanico que se proyectaba desde una hendidura de menos de cincuenta metros de ancho. La pendiente era más abrupta dentro de la fisura, pero quizá pudieran escalarla; nadie lo sabría hasta estar a distancia suficiente para ver qué clase de restos rocosos había en el derrumbe. La primera impresión resultó alentadora; allá donde el río tocaba el pie de la pendiente, esta parecía formada por guijarros pequeños incluso para los tripulantes. Si no estaban demasiado débiles, el ascenso resultaría fácil.

Ahora viraban alrededor de un punto situado frente a la abertura, y el viento empezó a cambiar al fin. Se curvaba hacia el exterior del risco, y su velocidad aumentaba increíblemente.

Una ráfaga violenta sacudió la nave, amenazando con desgarrar la resistente tela de sus velas y desviándola de la pared de roca. Al mismo tiempo el rugido se transformó en un fragor explosivo, y en menos de un minuto la nave se encontró atrapada en una tormenta que rivalizaba con las que habían encontrado desde que salieran del ecuador.

Duró sólo unos instantes; las velas, que ya estaban dispuestas para resistir semejante viento, frenaron la nave impidiendo que encallara. Una vez que superaron aquella ventolera, Barlennan hizo girar la nave a estribor y se dirigió hacia la costa mientras recobraba la compostura. Cuando lo hubo conseguido, hizo lo que ya era un habito en situaciones inusitadas: llamó a los terrícolas pidiendo una explicación. Estos le defraudaron; la voz de un meteorólogo no tardo en responder, vibrando con la modulación que el capitán había aprendido a asociar con el placer humano.

— ¡Eso lo explica, Barlennan! ¡Es la forma de cuenco de esa meseta! Yo diría que el ascenso te resultara más fácil de lo que creíamos. ¡Ahora entiendo por que no lo pensamos antes!

— ¿Pensar que? — No era un gruñido, pero sus tripulantes notaron claramente el desconcierto de Barlennan.

— Pensar lo que un sitio como ese podía hacer en tu gravedad, clima y atmósfera.

Verás, en la zona de Mesklin que conoces, el hemisferio sur, el invierno coincide con el tránsito de vuestro mundo en su punto más próximo al sol. Entonces es verano en el norte y el casquete polar se disuelve; por eso tenéis esas tremendas y continuas tormentas durante esa temporada. Nosotros sabíamos eso. La humedad que se condensa (metano, o como quieras llamarlo) cede su calor y calienta el aire de tu hemisferio, aunque no veis el sol durante tres o cuatro meses. La temperatura se acerca al punto de ebullición del metano… ciento cuarenta y cinco bajo cero en tu presión de superficie. ¿No es así? ¿No tenéis más calor en invierno?