Lackland y Rosten permanecieron unos instantes en silencio. Fue Rosten quien lo rompió.

— Barl, si aprendieras lo que deseas y comenzaras a enseñar a tu gente, ¿les dirías de donde procede ese conocimiento? ¿Crees que sería bueno que otros lo supieran?

— Para algunos, si; querrían saber cosas de otros mundos y de los seres que utilizaron la misma vía hacia el conocimiento en que ellos se inician. Otros… bien, muchos prefieren que los demás realicen el esfuerzo. Si lo supieran, no se molestarían en aprender por su cuenta; simplemente pedirían conocimientos específicos… como yo hice al principio; y nunca comprenderían que vosotros no se los explicáis porque os resulta imposible.

Pensarían que intentáis engañarlos. Supongo que si se lo contara a alguien, tarde o temprano acabaría por extenderse…, y bien, supongo que sería mejor dejarles creer que yo soy el genio. O Dondragmer; es más probable que lo creyeran de él.

La respuesta de Rosten fue clara y concisa.

— Trato hecho.

20 — EL VUELO DEL BREE

Un reluciente esqueleto de metal se elevaba dos metros sobre un pedregoso montículo de tierra y rocas de cumbre plana. Un grupo de mesklinitas se afanaba con empeño en otra hilera de placas, cuyos tornillos superiores acababan de aflojar; otro empujaba la tierra y los guijarros recién removidos hasta el borde del montículo; otro trajinaba por una carretera bien marcada que conducía hacia el desierto, bien acercándose con carromatos planos repletos de provisiones, bien alejándose con los mismos carromatos vacíos. Era un hervidero de actividad; prácticamente todos parecían ocupados en algo. Ahora se veían dos radios, una en el montículo, donde un terrícola dirigía la tarea de desmantelación desde su base, y otra a cierta distancia.

Dondragmer estaba frente a la segunda radio, trabando animadas conversaciones con un ser distante a quien no veía. El sol aún continuaba trazando círculos, pero descendía cada vez mas y se hinchaba lentamente.

— Me temo — dijo el piloto— que tendremos serios problemas par verificar esos datos sobre la curvatura de la luz. Entiendo los reflejos; los espejos que fabriqué con las láminas de metal de vuestro cohete me lo aclararon. Es una lástima que el artilugio de donde extrajimos la lente se cayera; no tenemos nada parecido a vuestro cristal.