Lackland enfiló nuevamente hacia el animal. Este se había detenido, apoyando el vientre en el suelo, cuando el hombre dejo de virar; ahora se irguió nuevamente sobre sus innumerables patas y retrajo la cabeza hacia el enorme tronco, en lo que aparentemente era un gesto protector. Lackland frenó nuevamente, cogió una cámara y tomo varias fotografías de la criatura; luego, como no parecía dispuesta a atacar, Lackland la observó durante un par de minutos.
El cuerpo era un poco más grande que el de un elefante terrícola; en la Tierra habría pesado de ocho a diez toneladas. El peso estaba uniformemente distribuido entre los diez pares de patas, que eran cortas y muy gruesas. Lackland dudaba que la criatura se pudiera mover a mayor velocidad de la que había demostrado.
Al cabo de unos minutos de espera, la criatura empezó a inquietarse; alzo un poco la cabeza y comenzó a moverla adelante y atrás como si buscara otros enemigos. Lackland, temiendo que concentrara la atención en el indefenso Bree y su tripulación, avanzó un metro con el tanque; su adversario recobro de inmediato su actitud defensiva. Esto se repitió varias veces, a intervalos cada vez más breves. Las fintas duraron hasta que el sol se puso detrás de la colina del oeste; al oscurecerse el cielo, Lackland, sin saber si la bestia estaría dispuesta a librar una batalla por la noche, modifico la situación encendiendo todas las luces del tanque. Esto, al menos, quizás impidiera que la criatura distinguiese nada en la oscuridad, aunque estuviera dispuesta a afrontar lo que para ella debía de ser una situación nueva y extraña.
Obviamente, no le agradaban las luces. Pestañeó varias veces cuando el foco principal le irrito los ojos, Y Lackland noto que sus grandes pupilas se contraían; luego, con un siseo gemebundo que fue recogido por el micrófono del techo y claramente comunicado al hombre, avanzo y ataco.
Lackland no se había dado cuenta de que estaba tan cerca, o, mas bien, de que esa cosa tenía tanto alcance. Su cuello, aun más largo de lo que él había estimado al principio, se estiro por completo, trasladando la enorme cabeza hacia delante y hacia un lado. Luego, la cabeza se inclinó y arremetió de costado. Uno de los grandes colmillos choco estrepitosamente con el blindaje del tanque, y el foco principal se apago al instante.
Otro siseo más agudo sugirió a Lackland que la corriente que alimentaba el foco se había descargado en el blindaje a través de una porción de la cabeza del monstruo; pero no se detuvo a analizar esa posibilidad. Retrocedió rápidamente, apagando las luces de la cabina. No quería que uno de aquellos colmillos golpeara una escotilla con la fuerza que había sacudido el blindaje superior. Ahora, solo las luces de conducción, montadas en la parte frontal del vehículo y empotradas en el blindaje iluminaban la escena. El animal, alentado por el repliegue de Lackland, embistió contra una de las luces. El terrícola no se atrevía a apagarla, ya que se quedaría totalmente a oscuras. Opto por enviar una frenética llamada por radio.
— ¡Barl! ¿Harás algo con tus redes? Si no estas preparado para la acción, tendré que utilizar el cañón contra esta cosa aunque te quedes sin un gramo de carne. En tal caso, tendré que alejarme y utilizar termita; esta tan cerca que los explosivos pondrían en peligro el tanque.
— Las redes no están preparadas, pero si la alejas unos metros, quedara a sotavento de la nave y podremos despacharla de otra manera.
— De acuerdo.
Lackland no sabía cual sena esa otra manera, y albergaba serias dudas sobre su eficacia; pero, mientras el capitán se conformara con una retirada, estaba dispuesto a colaborar. Ni por un instante se le ocurrió que el arma de Barlennan pudiera poner en peligro el tanque; y, para ser justos, quizá tampoco se le ocurrió a Barlennan. El terrícola, mediante repetidos y rápidos retrocesos, logro conservar los colmillos a distancia del blindaje; el monstruo no parecía poseer la inteligencia necesaria para prever esos movimientos. Dos o tres minutos de estas maniobras evasivas fueron suficientes para Barlennan.