— Si, funcionará si la correa tiene aguante — fue la respuesta —. Debes colocar el gancho de la polea simple en la estaca que deseas extraer; sin duda tendréis métodos para hacer eso con cuerdas. Hay que sujetar la otra polea a la punta superior del trípode. Ya te he dicho como proceder a continuación.

Los tripulantes se dirigieron hacia el grupo original de estacas, pero Barlennan les ordenó esperar.

— No hay tantas estacas en el canal que estábamos cavando, Dondragmer. ¿Explicó el Volador cuánto tardaríamos en extraerlas con ese aparato?

— No estaba seguro, pues no sabía a que profundidad están clavadas ni con que rapidez sabríamos operar. Pero calculó un día por estaca, menos de lo que tardaríamos en cavar.

— No lo suficiente como para que no ganemos tiempo si algunos terminan el canal mientras otros extraen las estacas. Por cierto, ¿esa cosa tiene nombre?

— El la llamó cabria diferencial. La segunda palabra es bien clara, pero no sé cómo traducir la primera. Para mi es solo un ruido.

— Lo mismo digo, pero así se llamará. Pongamos manos a la obra; tu cuadrilla a la cabria, y la mía, al canal.

Los tripulantes emprendieron la tarea con entusiasmo.

El canal quedó terminado primero, pues pronto fue evidente que la mayoría de los tripulantes quedarían libres para excavar; dos marineros, turnándose en la cabria a intervalos de pocos minutos, fueron suficientes para arrancar las astas de lanza del duro suelo. Para satisfacción de Barlennan, las puntas también salían, de modo que cuando se completó la operación, contaba con ocho lanzas de aspecto muy eficaz. Su pueblo hacía pocos trabajos en piedra, y las cabezas de cuarzo le resultaban muy valiosas.

Una vez superado ese obstáculo, la distancia hasta el lago era relativamente corta; y allí se detuvieron para ensamblar el Bree. Lo hicieron deprisa — los tripulantes eran expertos en esa labor—, y una vez más la nave flotó en aguas relativamente profundas.