Comparando los pueblos que reaccionan á tiempo, y para bien suyo, contra la desigualdad, y los que para su mal la perpetúan ó la destruyen, se ve que los primeros no son siempre ni más ricos ni más inteligentes que los segundos, y que en muchos casos son más pobres y menos ilustrados, de modo que el elemento material é intelectual es inferior en ellos. Y siendo esto así, teniendo la desventaja de la mayor pobreza é ignorancia, ¿cómo realizan el progreso de suprimir á tiempo la desigualdad excesiva que corroe á otros? ¿Cuál fuerza los impulsa y los sostiene? La fuerza moral. Los pueblos en que el hombre es más digno, más justo, más humano, menos egoísta, menos débil para dejarse arrastrar por los vicios que degradan, mejor dispuesto para sentir los nobles y piadosos sentimientos que impulsan á la abnegación y al sacrificio; los pueblos más morales, en fin, son los que tienen pecheros que pueden transformarse en ciudadanos, aristocracias en que los señores son hombres con virtud y conciencia bastante para comprender los deberes de humanidad y practicarlos hasta dejar en ocasiones á sus pares, y formar en las filas de los plebeyos, y pelear á su lado y morir por ellos. En estos pueblos, los de abajo tienen corazón, la dignidad, aunque no sea más que latente, del hombre honrado; los de arriba tienen entrañas, y todos algo que repugna aceptar é imponer perpetuamente la servidumbre y la tiranía sin límites. Podrán ser más pobres y más ignorantes; pero son más dignos que los que oprimen sin misericordia y se dejan oprimir sin protesta, y la reacción contra desigualdades irritantes se verifica en virtud principalmente del elemento moral.

Esta verdad merece ser consignada, porque encierra, á nuestro parecer, una lección importante. Si pueblos ricos y cultos se han inmovilizado ó sucumbido en desigualdades incompatibles con el progreso, por falta de resorte moral; si por tenerle, otros inferiores en cultura, han suprimido privilegios que eran obstáculo insuperable á su bienestar, ¿no se pone en evidencia la gran parte que el elemento moral tiene para realizar la igualdad? De pueblo á pueblo el hecho es de más bulto, no más positivo que de clase á clase ó de individuo á individuo. En vano se mejorará la situación económica de las masas, y aun se les dará alguna instrucción; si están desmoralizadas no subirá su nivel, y antes es posible que descienda, y que á medida que se enriquecen (con riqueza relativa) se rebajen, porque usando en perjuicio de sus deberes los mayores recursos de que disponen, se alejan más cada vez de la igualdad en el derecho, y sólo para la común abyección quedan aptos.

No llevamos, procuramos, al menos, no llevar á ningún asunto espíritu de sistema ni exclusivismos, muy perjudiciales al descubrimiento de la verdad. No negamos, cuando se trata de las instituciones y modo de ser de un pueblo, la importancia que tiene el elemento intelectual y físico ó económico; pero no suele darse la que tiene al moral; se conviene en que cierto grado de miseria y de ignorancia hace imposible la igualdad en el derecho; pero no se recuerda bastante que es también incompatible con la depravación y que exige un mínimum de virtud como de bienestar y de cultura. Por eso conviene recordar el testimonio de la historia; ver pueblos de una civilización adelantada abrumados por privilegios odiosos ó envilecidos bajo el nivel de la servidumbre por falta de resorte moral; y observando este hecho en el presente y en el pasado, en derredor nuestro y en remotos países, nos convenceremos de que no es fortuito, sino necesario, y que luchan contra las leyes de la naturaleza humana los que pretenden elevar socialmente al hombre que moralmente está rebajado.

No se puede hacer un ciudadano de un mendigo, de un loco, ni de un malvado; y en la casa de beneficencia, en el manicomio ó en el presidio pueden estudiarse bien, porque están en relieve los insuperables obstáculos que para igualar á los hombres sin rebajarlos opone la falta de lo necesario físico, intelectual y moral.

Sin este necesario no hay salud del cuerpo ni tampoco del alma, y los hombres que no están sanos de espíritu son tan inhábiles para la igualdad en el derecho como para el servicio militar cuando tienen defectos físicos.

Así, pues, al que olvida la importancia del elemento moral recordémosela, y la del físico é intelectual á los que hablan de igualdad en el derecho al que no la comprende, al que tiene hambre y á satisfacerla se limitan todas sus aspiraciones. Nunca se ha visto, y puede asegurarse que jamás se verá, que los hombres se igualen elevándose si su pobreza en todos conceptos llega á ser miseria. A veces, una idea, un sentimiento, suplen inferioridades y nivelan: la fe, el amor, la ciencia, la patria hallan mártires sublimes entre los hombres más obscuros, que la abnegación y el heroísmo sacan de su humilde esfera para elevarlos á la gloria y á la inmortalidad. Y no sólo individuos, sino que hay en la vida de los pueblos horas en que las muchedumbres, impulsadas por una idea ó un sentimiento, se igualan á los más altos; pero ya se prevee, y además puede observarse, que estas explosiones de entusiasmo no sirven para marcar la cultura permanente á que llegan las colectividades, ni establecen la regla de su marcha normal y progresiva: ayer dieron mártires y héroes, hoy ó mañana darán tiranos y esclavos; el nivel era como el de las aguas de una inundación, que desaparece con ellas y deja al descubierto todas las desigualdades del terreno. No hay igualdad permanente sino la que es armónica, ni armónica sino aquella que contiene, en grado mayor ó menor, pero siempre suficiente, los tres elementos esenciales del hombre, físico, intelectual y moral. Si no se estableciera esto por el raciocinio, lo pondría de manifiesto la historia de los progresos de la igualdad y de las inútiles tentativas para realizarla en el derecho.

Una vez iniciada con buen éxito la reacción contra desigualdades injustas, van disminuyendo ó desaparecen muchas que, en fuerza de ser antiguas y positivas, parecían naturales y necesarias. Derribado el obstáculo que se opone á que los hombres cultiven sus aptitudes varias, y se multipliquen, no dentro de una clase ó casta, sino según sus condiciones económicas, afectivas é intelectuales, sucederán dos cosas de capital importancia.

Las ventajas físicas é intelectuales, la superioridad moral, no serán dones de la naturaleza ó merecimientos de la virtud, que esteriliza constante y fatalmente la organización social, sino que podrán, con mayor ó menor esfuerzo, pero podrán al fin elevar á los humildes y rebajar á los soberbios que no tienen aptitud adecuada ni voluntad recta para sostenerse á la altura en que los colocó la suerte. La ciencia, el poder y la riqueza no estarán vedados á nadie ni serán patrimonio de ninguno, y lejos de abrumar sin remedio á los de abajo, podrán servir de estímulo á sus aspiraciones levantadas. Las dotes naturales y la voluntad recta y firme, la voluntad débil y torcida ó la escasa inteligencia, cuando no hay una institución que tuerza ó paralice sus determinaciones libres, producen continuos cambios de posición, en que los pobres de ayer son los ricos de hoy, y en que el que nació en la clase más humilde muere potentado. Las armas y las letras, la ciencia y el poder, la religión y el arte, el comercio y la industria, tendrán eminencias que han venido de muy abajo, y se establecerá un movimiento de ascenso y descenso que tiende á confundir lo que antes parecía irremisiblemente separado.

Cuando las clases pueden confundirse y más ó menos se confunden, no tienden á formar razas, es decir, á acumular por espacio de muchas generaciones ventajas é inconvenientes, disposiciones que se trasmiten, diferencias que de sociales han pasado á ser fisiológicas, ventajas é inferioridades que explican en los unos la humillación y en los otros la soberbia. No se inmovilizan las masas en el aislamiento de las clases, y las inferiores progresarán de dos modos: ilustrándose y participando de la herencia de otras más ilustradas.

Así, pues, como las desigualdades injustas producen efectos que tienden á perpetuarlas cuando se reacciona contra ellas, la igualdad en el derecho, una vez iniciada, prepara sus propios progresos, lleva en sí las condiciones de su incremento y, como la fama, adquiere fuerza marchando.