PARTE SEGUNDA.
De la igualdad, socialmente considerada.
CAPÍTULO PRIMERO.
INFLUENCIA RECÍPROCA DE LOS ELEMENTOS FÍSICO, INTELECTUAL Y MORAL, Y DE LA SEMEJANZA NECESARIA Y SUFICIENTE PARA ESTABLECER LA IGUALDAD.
Cuando se observa en las sociedades los progresos de la igualdad y las dificultades que para progresar halla, es fácil notar que éstas provienen en gran parte del desequilibrio de elementos que deberían armonizarse.
El hombre, sér físico, intelectual y moral, no puede consolidar ninguna institución social, y menos perpetuarla, si prescinde de sus condiciones morales, intelectuales ó físicas.
La igualdad necesita semejanzas suficientes entre aquellos que ha de igualar, y sin las cuales pretenderá realizarse en vano.
Estas semejanzas no han de ser parciales, sino abarcar totalmente la existencia del hombre. Uno ú otro individuo podrá, con voluntad y virtudes excepcionales, sobreponerse á circunstancias abrumadoras; pero la regla es que, cualesquiera que sean los principios que se proclamen y las leyes que se promulguen en la vida de la sociedad, no hay igualdad positiva sin semejanza suficiente.
Cuando falta albergue, sustento y vestido, en la miseria extrema, ¿puede igualarse el hombre que la padece al que tiene recursos superabundante? ¿Puede prescindir del frío y del hambre para cultivar las facultades de su espíritu? ¿Puede triunfar de la fuerza tiránica de las necesidades no satisfechas, hasta el punto de avasallarlas para que no le embrutezcan? ¿Puede sobreponerse por su carácter á su desventura, elevarse en una situación que humilla y hacer respetar una dignidad cubierta de harapos? Si en lo posible y por excepción cabe que suceda todo esto, la regla será siempre la que vemos en la práctica: que la miseria física lleva consigo la intelectual, y la moral en parte.