No puede entrar en nuestro plan, porque sería salirnos del asunto que tratamos, discutir sobre si las facultades intelectuales de la mujer son ó no inferiores á las del hombre; basta á nuestro propósito considerar:

1.º Si tiene la mujer más facultades intelectuales que cultiva;

2.º Si de la falta de cultura resulta para ella desigualdad;

3.º Si esta desigualdad se gradúa de modo que la rebaje respecto al hombre;

4.º Consecuencias de que esté rebajada.

¿Tiene la mujer más facultades intelectuales que cultiva? Hay opiniones acerca de si conviene ó no que la mujer se instruya, y también sobre el alcance de su inteligencia; pero no respecto al hecho constante y comprobado de que es apta para trabajos intelectuales, industriales y artísticos á que no se había dedicado hasta aquí y á que no se dedica aún en los pueblos poco cultos: en los más civilizados la mujer adquiere conocimientos científicos, artísticos, mercantiles é industriales que prueban de una manera concluyente su aptitud para ellos, y más, á medida que se le dan mayores facilidades para aprender.

En España, aunque poco, también ha progresado la enseñanza de la mujer, poniendo de manifiesto que tiene aptitud para las ciencias, las artes, la industria y el comercio. Las leyes, las costumbres, su ignorancia misma, se oponen en muchos países á que se instruya; pero en ninguno se ha visto que sea incapaz de aprovecharse de la instrucción á medida que la recibe y que no se eleve en la escala intelectual. En los Estados Unidos, en Suecia, en Inglaterra, en Rusia, donde quiera que no se le prohibe la actividad intelectual, la despliega iniciándose en las ciencias, ejerciendo artes á que exclusivamente se dedicaban los hombres y tomando parte en los procedimientos de la industria, en las operaciones mercantiles, etc., etc. Prescindiendo, según dejamos indicado, de si sus facultades intelectuales son iguales ó equivalentes á las del hombre, parece fuera de toda duda que tiene más que ha cultivado hasta aquí y que cultiva aun en los pueblos donde mejor se la instruye.

¿De la falta de cultura resulta para la mujer desigualdad respecto del hombre? Basta formular la pregunta para determinar la respuesta afirmativa. Es patente la desigualdad que resulta entre dos personas de las cuales una estudia, aprende, sabe, y la otra no recibe instrucción alguna. La esposa del hombre de ciencia, del artista, del industrial, del comerciante, nada entiende, por lo común, ni sabe de la profesión de su marido: unidos están por el afecto; intereses comunes tienen, y, no obstante, en las cosas del entendimiento se hallan separados por la diferencia esencial que existe entre quien sabe lo necesario y el que lo ignora todo. Por preocupado que esté un hombre con un problema cualquiera, no lo consultará con su mujer, ni aun le hablará de él, porque, en general, no lo comprendería mejor que la criada. Existe, pues, entre el hombre y la mujer de la misma clase una desigualdad evidente que resulta de la ignorancia de ésta y la instrucción de aquél; y como el elemento intelectual, si es influído, como sabemos, también influye en el moral y el físico, las desigualdades de inteligencia determinarán otras, y tanto más, cuanto la civilización esté más adelantada y la cultura sea mayor. Sucede respecto á los sexos algo parecido á lo que acontece con las clases: no las hay en una horda salvaje, y se van formando y aumentando sus diferencias á medida que el pueblo se civiliza. Así también la desigualdad intelectual que no existe entre la mujer y el hombre cuando la ignorancia es común á entrambos, va graduándose á medida que el saber se aumenta si no se instruye más que uno solo. Y no es necesario recurrir á la Historia para estudiar en sus diferentes épocas el hecho, sino que puede observarse hoy en cualquier pueblo, porque en todos existen, aun simultáneamente, clases cuya cultura constituye gran diferencia entre el hombre y la mujer, y otras en que son igualmente rudas las personas de los dos sexos.

Este último caso comprende un número menor del que á primera vista se creería, porque aun entre el hombre y la mujer que parecen igualmente rudos, suele tener el primero alguna mayor cultura. Se pone algún mayor cuidado en enviarle á la escuela, y sabe leer, escribir y contar con más frecuencia y algo mejor. Además, la educación industrial del hombre, aun del pueblo, es muy diferente de la que recibe la mujer, á quien están vedados casi todos los oficios que exigen arte y aprendizaje. Son muy desiguales los conocimientos de la obrera y los que tiene un oficial ó maestro de cualquier oficio, exigiendo la práctica de la mayor parte de ellos conocimientos ó habilidad que están muy por encima de la educación industrial de las mujeres: todo esto es bastante sabido para que no sea necesario insistir más.

La desigualdad que existe entre el hombre y la mujer, ¿rebaja á ésta? las evidentes desigualdades que hemos recordado y todo el mundo sabe, constituyen inferioridades respecto á la mujer. ¿Cabe dudar que el que ignora es inferior al que sabe, en cualquier asunto, lo mismo que se trate de escribir un libro ó de imprimirle, de hacer un puente ó un par de botas? La inferioridad de la mujer no se limita á una ú otra esfera social, sino que llega á todas; no sabe la teoría de las ciencias ni la práctica de las artes y oficios; para la obra intelectual no se la admite, y para la artística é industrial sólo en pocos casos y en la clase ínfima.