Así, pues, rebajada la mujer bajo el punto de vista de la inteligencia, contribuye poderosamente á rebajar el nivel intelectual del hombre; es una red invisible para muchos, pero tupida y resistente, en que se aprisiona el pensamiento, resultando que la civilización camina como un cojo, y cae con frecuencia por la desigualdad excesiva de los miembros que le sirven para marchar.
Consecuencias morales.—La posición social de la mujer, que la reduce á la ignorancia, á la pobreza, á la miseria, á la dependencia, ha de ser fatal á su dignidad, ha de rebajarla moralmente, y en efecto, la rebaja: si así no sucediese, sería preciso concluir que el miserable ignorante es el que está en mejores condiciones para ser virtuoso. Las estadísticas criminales de todos los países ponen de manifiesto que es mucho mayor el número de hombres penados que de mujeres; pero el nivel moral de éstas no sube en la proporción que baja el número de los que entran en las penitenciarías. Las estadísticas criminales prescinden de un dato de que no pueden prescindir las morales; prescinden de la prostitución, que la ley tolera ó autoriza, y que la moral condena. Una prostituta está moralmente más rebajada y es socialmente más perjudicial que gran número de las personas condenadas por los tribunales.
La prostitución de que hablamos como daño físico, lo es mucho mayor moral; y si los males del alma fuesen perceptibles como los del cuerpo, no habría leproso tan repugnante como una prostituta.
Ese azote físico y moral de las sociedades, ¿sería posible que existiera más que como excepción rara, si la mujer no fuera miserable, física é intelectualmente, y no estuviese rebajada en concepto del hombre y en el suyo propio? La desigualdad social excesiva de los sexos hace, entre otros males, el de disminuir la dignidad y anular en parte la personalidad de la mujer: cuando las condiciones de ésta la ponen en el caso de descender más, baja aún, y resulta la prostituta. Lo que hay en ella de más repugnante, de verdaderamente monstruoso, resulta de su falta de personalidad. Forma parte de la sociedad; tiene derechos civiles; es hija, madre, hermana, hasta esposa, y no es persona: no, no es persona; por eso la desprecia el último hombre aunque sea un criminal; por eso es tan abyecta y repulsiva. Y como esta monstruosidad moral no es un hecho raro; como son miles, muchos miles de criaturas las que inoculan su virus y salpican su ignominia sobre la sociedad que las tolera, vienen á constituir un elemento perturbador en alto grado, poderoso, constante é incompatible con la moral. En los atentados contra ella se hallan por todas partes cómplices livianos, codiciosos ó ignorantes, y el hecho se repite, se generaliza, hasta el punto de que se atreve á llamarse derecho, y vive al amparo de la ley, y hay una cosa que es al mismo tiempo abominable y lícita. Todo esto sucede por contagio; son las emanaciones de la podredumbre, que, por ser tanta, vicia la atmósfera y empaña la esfera, que debiera ser inmaculada, desde donde da sus oráculos la justicia.
Como la prostituta es físicamente tan repugnante y dañina, hace apartar la vista ó que se la mire principalmente por esta fase, y no llama bastante la atención de todos hacia su deformidad moral. Y en ella es donde principalmente debemos fijarnos; porque el hombre está en su inteligencia y en su voluntad, y ofuscación de la una y perversión de la otra hay en todo daño que hace. En el causado por la mujer liviana hay maldad y absurdo, casi podría decirse irracionalidad, por ser completamente irracional un proceder que lleva consigo la perdición segura, inevitable y sabida de quien así procede.
Pero ¿cómo se verifica esto? ¿Cómo hay miles, tantos miles de criaturas que se lanzan á un daño cierto y conocido, que aceptan su perdición, que arrojan su cuerpo al muladar del vicio y se suicidan moralmente? ¿Cuál es la causa de que se repita tanto un hecho que parece tan preternatural y fuera de razón? Respecto á la mujer, este hecho como generalizado, como permanente, como verdadera calamidad social, no se explica por las pasiones y los instintos pervertidos y desenfrenados que, cuando más, producirían la prostituta como el ladrón y el asesino: decimos cuando más, porque, dada á la mujer la personalidad que hoy le falta, y la instrucción y medios de subsistencia que no tiene, habría de vencer para prostituirse más repugnancias, hacer peores cálculos, prescindir más de su verdadero interés que el hombre que infringe las leyes pasando á vías de hecho ó apropiándose lo ajeno. La naturaleza humana explica la prostitución de uno ú otro individuo, pero de masas no puede explicarse sino por el estado social, por la inferioridad que, según él, tiene la mujer respecto del hombre.
Sin llegar al extremo de la mujer perdida, frase gráfica con que se expresa que ha desaparecido moralmente; sin llegar á este extremo, la desigualdad social de la mujer tiene consecuencias deplorables. Es una de ellas el matrimonio prematuro, que si tiene inconvenientes físicos, también morales, haciendo esposas, madres, amas de casa, á criaturas sin la circunspección y la experiencia que no pueden tener los pocos años, é indispensables para la dirección moral de la familia y material del hogar. Aunque una mujer sea muy joven, aunque sea niña, si hay ocasión de casarla se aprovecha, porque podría no presentarse otra, y ella no tiene más carrera. Tardará aún años en ser mayor según la ley, en poder disponer para la venta de algunos metros de tierra; pero dispone del orden doméstico, del porvenir de sus hijos que no sabe educar, de la paz, de la dicha del hogar y del honor de su marido: todo esto se pone con frecuencia en manos de una niña. Es en parte falta de la ley; pero las leyes ya se sabe que son el reflejo ó el eco de las ideas y de las costumbres, y mientras la mujer no tenga verdadera personalidad, ni más posición social que la que le da el matrimonio, ha de apresurarse á contraerle.
Las mujeres, no sólo se casan pronto por tener prisa de casarse, sino que muchas veces se casan mal. El amor, la conveniencia de circunstancias y caracteres, no se atiende bastante, en ocasiones no se atiende nada, por considerar solamente la necesidad de tener una posición social, un sostén, una persona que provea al sustento de la que por sí no puede ganarle, y evitar la situación precaria y tal vez aflictiva de la mujer soltera cuando sus padres han muerto y se han casado sus hermanos. Todos estos cálculos que tienen que hacerse, que es imposible que no se hagan, han de producir consecuencias morales deplorables, uniendo á los que no se unirían sin la especie de fuerza mayor, resultado de la inferioridad social de la mujer.