Salvo los casos de miseria extrema, la independencia del elector está en su conciencia y en su carácter, no en su posición social, que sólo sirve para evaluar el precio de su voto.

En cuanto á negarlo á los pobres porque no tienen qué perder, es un absurdo. El sufragio universal no puede ser un derecho, porque no puede ser una verdad; pero si los pobres pudieran tener opinión, ¿quién se atrevería á negarles el derecho de emitirla? ¡No tienen qué perder!

Cuando los ricos defraudan, dilapidan, ó por falta de concierto emplean mal las rentas del Estado, y aumentan los gastos y votan contribuciones, ¿quién las paga sino los pobres, y sobre quién pesan con más dureza? La contribución molesta al rico: al pobre le oprime, le arruina tal vez. Cuando los ricos tienen mal montadas las cárceles, ¿quiénes hacen en ellas su aprendizaje, que les conduce á presidio ó al patíbulo? Los pobres. Cuando los ricos no fomentan la agricultura, ni la industria, ni el comercio, ¿quiénes emigran á climas remotos y mortíferos que les son fatales? Los pobres. Cuando los ricos no se esfuerzan en generalizar la instrucción, ¿sobre quiénes caen las fatales consecuencias de la ignorancia? Sobre los pobres. Cuando los ricos hacen leyes injustas, ¿quiénes sufren su influencia fatal? Los pobres. Cuando los ricos no atienden como deben los establecimientos de beneficencia, ¿quiénes padecen en ellos? Los pobres. Cuando los ricos proclaman como una necesidad imprescindible la creación de grandes ejércitos, ¿quiénes dan sus hijos para formarlos? Los pobres. Cuando los ricos declaran la guerra, ¿qué sangre corre en ella? ¡La sangre de los pobres! Y todavía se dice que los pobres no están interesados en el orden porque no tienen qué perder. ¿Qué se entiende por perder, ó qué se entiende por orden?

El pobre es el más interesado en que las leyes sean equitativas; pero el pobre es muy ignorante y no puede contribuir á formarlas: darle derechos políticos es darle un arma que le arrancarán con engaño para emplearla contra él. Este es el verdadero, el único argumento contra el sufragio universal.

Y, sobre negarle, ¿qué importa no estar de acuerdo acerca de los motivos por que se niega? Importa mucho. Si el legislador comprende que la inteligencia es la única garantía que puede y debe buscar, porque la estadística no arroja datos sobre la moralidad, salvo en el caso extremo de que el elector se halle bajo la acción de los tribunales; si el legislador comprende que no debe excluir más que á los muy ignorantes, á los muy viciosos y á los criminales, la ley buscará por todos los medios la capacidad tanto en los electores como en los elegidos, y será justa y equitativa.

La teoría de la igualdad, de que es consecuencia el sufragio universal, en pueblos que no están bastante educados políticamente, es un absurdo que conduce á otro; la que niega derechos políticos á los pobres porque no tienen qué perder, es un absurdo que conduce á una iniquidad.


CAPÍTULO II.