—Iba á estudiar con mi padre, y muchas veces trabajó solo horas enteras, cuando el maestro, adolecido ó malhumorado en demasía, se encerraba en sus habitaciones.
—Ese Velasco es un excéntrico, ¿no?
—¿Manuel?... Un hombre encantador para mi gusto: serio, paciente, de carácter dulcísimo y simpático...
—Incasable, dicen.
—¿Por qué no tiene novia?
—Todos sus amores cuentan que los ha puesto en la biología.
Olvida Carlos su mirada entre los árboles, con evocadora expresión, y responde:
—No lo creo... Manuel—continúa ferviente—es mi mejor amigo.
—¿Más que Adolfo, tu futuro cuñado?
—Mucho más que Adolfo.