Hay una breve lucha de cumplidos porque Carlos insiste en bajar después que acompañe á su hermana hasta el límite del bosque; y ella pretende ir sola, asegurando que tiene muchas amistades con la paz de la selva y ningún temor á sus caminos silenciosos.
Ante un reparo leve de Regina, cuenta Velasquín que muchas noches retorna á pie á su casa, para hacer ejercicio, y sube luego un sirviente por su caballo.—-Hoy—sonríe galán—daré mi paseo con doble placer.
Óyese un repique de novena.
La de Alcántara se apresura á decir:
—Es tarde, es tarde.
Y ofrece que volverá al siguiente día, como aplazando las frases de cordialidad, las efusiones que faltan en su vuelta al Robledo después de muchos años de ausencia.
Está parado el grupo en la cumbre del bosque, en dominio del hondo valle donde la finca de los Velascos se extiende sin fin. Corre la pared en línea atormentada, bajando, subiendo, codiciosa de campiñas y mieses, y, señor de sus límites enormes, el palacio flamante se ufana de la tierra con desdenes del mar, que ulula lejos, al otro lado de la colina.
La sombra del crepúsculo envuelve en fantásticos matices aquel vasto panorama que la posesión señorea. Y de pronto, contemplativa y absorta la dama rubia, siente un vértigo de codicias y admiraciones ante el poder que atribuye al dueño de riquezas tales.
Tórnase hacia él, pálida y valiente, para ordenarle en son de reto:
—Vámonos.