—¡Pero, chiquilla!—censura la que está hincada junto al cofre. Y se arma de respetuosa solemnidad, previniendo:

—Son «autógrafos» del pobre señorito...

Con la unción de quien reza en un libro santo, Marta se inclina palpitante para leer:

¡Qué noche más triste,

qué noche más larga!

¡Soledad y silencio... El insomnio...

las horas que pasan

dejando una pena, dejando un vacío

y un sabor de ceniza en el alma!...

Dios de los amores,