fin de la historia de la "bella durmiente".

¡Día magnífico, día sublime para las musas trágicas de don Celso Ortiz; día histórico de perpetua memoria en los anales de Torremar!

Apenas había el boticario augur abierto los ojos á la luz de aquella mañana, entróse por la botica cierto rumor de catástrofe, que puso al profeta del almirez en súbita vibración. Un mozo de la finca de Ramírez, forastero sin duda, preguntaba por el domicilio de don Fermín. La inquietud del emisario y la urgencia que mostraba, dieron margen al interrogatorio:

—¿Ocurre alguna cosa?

—¡Vaya si ocurre!

—¿Hay enfermos?

—Lo que hay es un difunto. Y la señorita está muy maluca.

—Pero ¿qué ha sucedido?

—Pues que el amo... Al decir esto hízose el mozo, con el pulgar en la garganta, una señal significativa.

—...¿Se degolló?