«Era pura nieve

y los soles me hicieron cristal.

Bebe, niña, bebe

la clara pureza de mi manantial.

Canté entre los pinos

al bajar desde el blanco nevero;

crucé los caminos,

dí armonía y frescura el sendero.

No temas que, aleve,

finja engaños mi voz de cristal.