Bebe, niña, bebe

la clara pureza de mi manantial.

Allá, cuando el frío,

mi blancura las cumbres entoca;

luego, en el estío,

voy cantando á morir en tu boca.

Tan sólo soy nieve,

no me enturbian ponzoña ni mal.

Bebe, niña, bebe

la clara pureza de mi manantial.»