—En resumen: ¿qué es «lo que sabes» y lo que pretendes?
Sin pronunciar nombre alguno, le dije al oído:
—No le quiere... ¡Nada!... ¡Nada!
—¿Y qué más?
—No le admira.
—¿Eso es todo?—inquirió ansiosa.
—Sufre mucho y es preciso que pongamos remedio á su tortura.
—¡Sufre... sufre!... ¡Oh, cuánto!—gimió Ana María sobre mi corazón.
Y al morder un sollozo, lamentaba:
—¡Si yo fuera hombre!