—Pero dicen que ha escrito una novela magistral, digna hermana de aquella que le dió tanto renombre. La publicación de esa obra sería para tu marido la consagración definitiva de su fama de literato, y pudiera en España...

—La literatura se paga en América mucho mejor que aquí. Ya ves cómo otros escritores de prestigio emigran también.

—Sí; sobre todo á la Argentina; pero van muchos en viaje de exploración para hacer propaganda de sus obras con el pretexto simpático de las conferencias internacionales... Preparan su mercado, conquistan un público y se vuelven á su tierra.

—Pero mi marido no está en situación de hacer excursiones artísticas que cuestan mucho dinero. Él fijará allí su residencia para trabajar.

—¡Pobre Diego!—murmuró María con acento levísimo.

Eva no había oído esta exclamación, ó fingió no escucharla. Con serenidad y reposo continuó diciendo:

—Algunos españoles, compañeros suyos, residen allá, le animan y le facilitan el viaje. No todos los artistas nuestros que han cruzado los mares vuelven tan pronto como tú supones... y Diego va para quedarse.

Indiferente, al parecer, preguntó María:

—¿Lleva mucho bagaje literario?